El Jardín Que Cambió
Te llevaste el rosedal,
ese rosedal rojo, carmín –
el que se asemejaba al corazón de mi pecho,
el que tiraba las pestañas de sus rosas marchitas.
En ese lugar planté hortensias:
rosadas, suaves y cálidas.
No tenían tanta magnitud,
eran más bajas, más tranquilas.
Así aprendí a llevar la vida
en un jardín suave –
con fresias preciosas que crecen al lado,
con violetas que emanan fragancia igual que las rosas,
pero sin espinas que me hagan daño.
Hoy ese jardín tiene más flores:
fresias blancas y rojas que brillan,
hortensias que nunca se marchitan,
ya no hay nada que me lastime.
Ya estoy tranquilo con mi vida, con mi ser –
busco otros placeres, otros sueños,
los anhelos que esperan por mí.
Autor: Antonio Pais