Nos amamos en la tinta y el verbo,
somos dos llamas que arden entre versos,
amantes que descubren su piel en cada palabra,
que se desean con la urgencia de un poema inacabado.
Tus textos, hermosos y encendidos,
son el fuego que aviva mi alma,
y yo respondo con la misma pasión,
alimentando este amor que se alza sobre las letras
como un templo sagrado e indestructible.
Tu ternura, esa fuerza con que me escribes,
derriba mis muros,
me deja desnuda de alma y latiendo,
cada palabra tuya es un beso que me quema,
una caricia que me ata dulcemente a ti.
No dejes de escribirme,
haz del deseo tinta eterna,
que esta magia no muera,
que esta locura de versos nos envuelva.
Seamos eternos en la poesía,
amantes que no se tocan con las manos,
sino con el alma,
a través de las letras.