Todos hablan de querer y amar
como si fuera una maldición,
y a mí me gustaría gritar;
y reivindicar tal condición:
¡Ojalá fuera así!
Ojalá poder culpar
al gran hecho que es amar,
sin volverlo baladí.
Ojalá te asinceraras
y al fin cayeras en cuenta,
que maldiciones como esas
son locuras de poeta.
Peor es el destino
de observar y mirar;
con dolor anticipar,
entre el ansia y el vil deseo:
Que los que de ti
admitieron un: \"te quiero\",
ya no estar ahí
más que en lejano recuerdo.
Ojalá fuera esta una maldición,
para que algo pudieras tú culpar,
y no tu caprichosa condición
por la que no quieres asincerar.
Dime entonces, amor de mí:
¿Por qué te cuesta admitir
que el yo que declamaste tanto amar,
pobre yo, ya no está aquí?
¿Tanto das por verme sufrir?