Leoness

Al señor de las sombras

Dígame usted, sentado en su silla de espejos,

donde el eco de su nombre es la única ley,

si entre el brillo del oro y los muros añejos,

¿sabe qué es la dignidad, o es sombra de un rey?

 

Usted, que reparte la injusticia con mano plena,

como quien siembra sal en la tierra del vecino,

¿no siente el peso muerto de tanta ajena pena,

o es que el poder le borró el rastro del camino?

 

Los cuatro jinetes de su trono son:

fanatismo de ciega venda que impone,
egolatría en su rostro cuarteado,
usura cobrando a la vida,

injusticia su obra maestra

 

 

¿Qué busca, señor, en su torre de marfil y de olvido?

Reparte miseria y no obtiene resultado alguno,

pues no hay imperio, por más fuerte y erigido,

que aguante el suspiro de un pueblo de ayuno,

 

La historia no guarda el oro, guarda el gesto,

y el suyo, tirano, es un mapa de lodo y de arresto.

¿Sabe usted qué es ser hombre, o solo es un cargo?

Cuidado, que el brindis del odio siempre es amargo.

 

¡Aprenda, al fin, que su honor no es suyo ni de ninguno, ¿cree en su dios?!