¿El valor de una persona
se mide por lo que tiene?
Más prudente sería medir a través de las
ausencias.
Los espacios vacíos, las faltas.
Las estrellas que no puedo esparcir
entre mis dedos,
como polvo de mariposa
y por eso las arrojo en un poema.
El canto de los pájaros
depositado en el oído,
picoteando el corazón.
Pocas cosas tengo
apenas lo suficiente para guiarme:
una brújula negándose a sentenciarme con su alfiler
pero a veces que le creo más que al dios
hacedor del universo.
No uso relojes de pulso
pues más allá del porte y la precisión,
de poco sirve llegar temprano a una cita
cuando llevo en la muñeca
la cuenta regresiva
de mi muerte.
Me faltan tantas cosas…
Mis padres se quedaron dormidos
y me faltó abrazarlos.