Nathanael Gellibert.

Escribir es un suplicio.

Del rincón más oscuro de la mente,

donde anida la flor de mi ambición,

andan torpes ideas tristemente:

Hijas son de mi lóbrega ficción.

 

Ellas vagan sin rumbo y a su suerte

como vaga la luna hacia el cenit:

Alumbrando la tierra hasta que al fin

madrugada fatal le de la muerte.

 

Ellas quieren vestirse de palabras

y volar a la azul inmensidad

sobre trazos de tinta que el mañana

borrará de la regia eternidad.

 

Mas la forma que anhelan me es ajena,

y con telas y harapos las vestí

para que habiten muy lejos de mí.