Día tres extrañándote,
tal vez en el día cinco
duela diez por ciento menos,
o tal vez duela igual.
Pero te di la libertad de volar
luego de descubrirme el alma
y dedicarte unos versos.
Te dejé ir con más de lo que debías,
y no fue un acto delictivo,
sino la más clara expresión de amor
que pude tener en meses.
Aún siento mirarte a los ojos
y respirarte lentamente,
y si hubiera sabido que no volverías,
te habría abrazado más fuerte.
Te extraño y, por última vez,
quisiera verte:
abrazarte,
bendecirte,
despedirme con un beso en la frente
y cerrar esta historia de amor
que duró un par
de hermosos atardeceres.
Así fue la magia de febrero,
destruyendo el final de marzo.