Una herida en la voz arrastrada entre las hojas,
palabras que, al llegar a las puertas, ya se han ido.
Calizas que fueron ametralladas por el agua,
entre las que pasan ráfagas de viento.
La salpicadura del polvo en el camino,
el frío enjaulado entre los huesos,
tan cortante como la propia ausencia.
El terciopelo de la hierba, aplastado por el aire,
el incienso de la tierra que levanta el cierzo.
Aroma de tomillos y romeros en los bordes del camino,
dando compañía a la tristeza del yermo,
a la sombra de los que se fueron ayer
como hoy nos derriba el viento.
Mientras tanto, él sigue sin nosotros,
golpeando los indicios que señalan los caminos:
piedras borradas por el agua y por el tiempo.
Ángel Blasco. Al paisaje del Ports, entre Castellíon, Aragón y Cataluña, con espcial recuerdo a Xiva de Morella