Sergio Alejandro Cortéz

Panaholma

Panaholma


Sobre la lona
no hicimos yoga.


La madrugada
tenía su forma
de ordenarnos el cuerpo.


Como la noche
que sin esfuerzo
inclina la espiral
sobre el Panaholma.


La superficie,
húmeda de algo parecido
a una plegaria,


y tus dedos
dejando marcas
que no supimos descifrar


Pictogramas,

tal vez.


Algo mínimo
que sólo las tucuras esmeraldas
podrían entender.


Después


el cansancio,

los besos

como rocío.


El olmo

cedió una rama larga

sobre el nylon,


y por un momento


pareció que el cielo

también se rasgaba.


Nos quedamos ahí,


como si movernos
fuera perderlo todo.


Al amanecer,
la lluvia nos encontró así,


y nos dejamos ir
sin resistencia,


como si el agua
supiera
por dónde.

 

Sergio Alejandro Cortéz
Villa Dolores, Córdoba, Argentina.