Corcel ancestral que golpeas almas
con pasos al viento
de tradición y armonía.
Imponente línea melódica
que marcas el sinuoso flujo
del río de formas,
carácter y cantos.
No hay son que no nazca
y se afiance en la cadencia,
que no se sostenga
al diálogo incólume del tambor.
Eres fraseo que hablas,
lloras,
festejas con tu potencia expresiva.
Repiqueteo que se acopla al cuerpo,
antes que la impertinente razón
la desentrañe.
Como un llamado
que despierta el movimiento
casi involuntario,
eres repuesta orgánica
acumulada en el tuétano de nuestros huesos.
Agitas la memoria muscular
que nos conecta con un origen profundo,
a un continente que hizo del ritmo su hogar.
Acompasas nuestras caderas,
hombros y pies,
fuera de toda rígida partitura.
Brotas en nosotros
como una lengua materna,
anterior a la palabra.
Nos atrapas en la memoria viva,
en códigos
que la ancestral diáspora del ritmo nos heredó.
29-03-2026
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