R.

Cada vez

Cada vez

que escribo sobre ti

me peleo con las páginas,

como quien se enreda en sábanas

buscando un cuerpo que no llega.

Las palabras se me resisten,

se doblan, se rompen,

me miran con la ironía

de saber que no existes

fuera de lo que imagino.

Me enamoré de lo pensado,

de un eco sin origen,

de un deseo amputado

antes de aprender a latir

en la carne del mundo.

Te inventé en silencios,

en espacios entre líneas,

en la pausa exacta

donde el alma confunde

lo posible con lo eterno.

Y es que

este amor es en potencia

un fracaso estructural:

un edificio de versos

sin cimientos en la realidad,

una caída anunciada

desde el primer suspiro.

Pero aún así te escribo,

como quien insiste en el abismo,

como quien abraza la idea

de que tal vez,

en otra vida,

las palabras sí te alcancen.