Como la araña que tiende sus hilos con precisión,
arquitecta de su destino y sustento,
entrega su empeño a la obra
desde lo más hondo
de su ser.
Más allá del conflicto y la contradicción,
quien sabe trenzar los nudos de la mente, suturar las grietas del alma,
y desprenderse de lo impuesto, de lo vano y lo ajeno,
se erige
desde su propia raíz.
Sostiene su creación:
firme, silencioso, inalterable,
sin sombra que perturbe…
en tiempo de luz
o de niebla,
enfrenta lo que llega, se convierte en tejedor de su destino...
en araña que levanta,
hilo a hilo,
su propio paraíso.