El hombre de la orquidea

Desprendimiento

Gracias, Señor, por el fuego sagrado,

por este milagro de amar sin medida;

por todo lo bueno que Tú me has otorgado,

y el don de sentir esta luz en mi vida.

Gracias por dejar que mi entrega sea pura,

dando lo mejor, sin pedir el regreso;

curando en tu gracia mi antigua amargura,

poniendo en mis manos un alma en proceso.

Hoy acepto, Dios, su camino y su huerto,

respeto el destino que ella ha elegido;

pues sé que Tu plan es un puerto muy cierto,

y nada en Tu mano se siente perdido.

Te pido por ella, que el sol la acompañe,

que encuentre la paz, la alegría y la calma;

que no haya una sombra que el alma le empañe,

ni rastro de angustia que toque su palma.

Dale estabilidad, dale luz, dale abrigo,

bendice sus pasos, su hogar y su anhelo;

que sepa que aunque hoy no camine conmigo,

mi ruego le sirve de puente hacia el cielo.

Gracias por darme esta paz tan profunda,

de amar con respeto, con fe y con bondad;

que Tu bendición sobre ella se infunda,

¡y en mí... se haga siempre Tu santa voluntad!