Gracias, Señor, por el fuego sagrado,
por este milagro de amar sin medida;
por todo lo bueno que Tú me has otorgado,
y el don de sentir esta luz en mi vida.
Gracias por dejar que mi entrega sea pura,
dando lo mejor, sin pedir el regreso;
curando en tu gracia mi antigua amargura,
poniendo en mis manos un alma en proceso.
Hoy acepto, Dios, su camino y su huerto,
respeto el destino que ella ha elegido;
pues sé que Tu plan es un puerto muy cierto,
y nada en Tu mano se siente perdido.
Te pido por ella, que el sol la acompañe,
que encuentre la paz, la alegría y la calma;
que no haya una sombra que el alma le empañe,
ni rastro de angustia que toque su palma.
Dale estabilidad, dale luz, dale abrigo,
bendice sus pasos, su hogar y su anhelo;
que sepa que aunque hoy no camine conmigo,
mi ruego le sirve de puente hacia el cielo.
Gracias por darme esta paz tan profunda,
de amar con respeto, con fe y con bondad;
que Tu bendición sobre ella se infunda,
¡y en mí... se haga siempre Tu santa voluntad!