Joan Vivancos

Ana

En aquella larga espera 

subían nubes al Cielo.

 

Con las canceladas horas

afrontaba mi desvelo

y, salida de la nada,

una sonrisa revelo.

 

Se acercaba ella tímida,  

sin mostrar ningún desvelo;

muy educada me pide

pintar ceniciento el cielo.

 

Con su adusta compañía 

pudimos correr un velo,

juntando las soledades,

pisando juntos el suelo.

 

No pudimos despedirnos,

por no hacerlo yo me duelo,

y si algún día nos viéramos

pintaríamos otro Cielo.