No debo olvidarme
de las cosas elementales:
sus sonidos, sus colores profundos.
Por ejemplo:
la hamaca escampándose en la
sombra,
la grada que guarda los pasos
de mi madre,
el vestido de niña que usaba
los domingos,
los adoquines de la casa vieja
que atesoran con cuidado las huellas
cansadas de mi padre.
L.G.