Tanto odio demostrado,
a quien solo amor había dado.
Por calles, caminos,
montañas y ríos,
irradiando su luz vino.
La realidad es
que Cristo, el amado,
condenado fue
por un pueblo enceguecido,
además, frío y endurecido.
¡Qué contradicción, hacerle esto al Creador!
La soberanía de Dios
permitió esta situación,
y así el plan de salvación llevar,
¡y a mi corazón poder rescatar!
Jesús, la palabra que vida da.
Vida no perecedera,
hermosamente eterna,
que lleva a una relación verdadera,
de comunión y transformación,
iluminando y llenando de color
todo a mi alrededor.
Porque Él,
el Verbo es,
que te da identidad
con diseño y con bondad.
De su esencia misma entregará.
Así debes de aspirar,
su voz poder escuchar,
también así entender
que de ti Él quiere hacer.
Pues en su palabra podrás ver
qué tan obediente puedes ser.
Pues sus pasos son el trazo
a su horizonte y a sus brazos.