José Luis Barrientos León

El tiempo y las estaciones del desconocido

 

No soy yo quien pasa por el tiempo,

es el tiempo el que se detiene a mirarme;

soy un intervalo entre lo que deseo

y aquello que el destino insiste en negarme.

 

Vivir es ser otro. Sentir es un descuido.

El alma es un tablero de ajedrez sin piezas

donde Dios juega al solitario, distraído,

mientras nosotros inventamos nuestras certezas.

 

¿Qué es la fe sino el cansancio de la inteligencia?

Un puente tendido sobre un abismo de papel,

la esperanza de que exista una presencia

detrás del vacío que nos dicta el nivel.

 

El universo es un libro cuya lengua ignoro,

una metáfora escrita en una página en blanco.

Busco en el sol un rastro de algún tesoro

y solo encuentro el eco de mi propio barranco.

 

Pero en este no-ser, en esta duda plena,

hay una claridad que el pensamiento no alcanza,

la belleza de saber que la sangre en la vena

es un ritmo sagrado, una mística danza.

 

Si el tiempo es ilusión, que sea mi bandera;

si el ser es un sueño, que sea mi verdad.

Soy el espectador de mi propia frontera,

la sombra que busca su propia claridad.