Hay días que ya no puedo
que siento los largos filos del vació comiendo mis costados,
donde la vida se ahueca,
donde el ardor se vuelve témpano perfecto.
Ay días que ya no debo
que he muerto y me sigo hiriendo con las tropelías del pasado,
donde mi mano irrespeta,
donde mi vida ha engullido la hostia del amor defecto.
No siento. No me quiero ver.
Me gasta la miseria que se empolva en las partes de mis huesos.
Me anido. Me cobijo,
y sin embargo el mundo aún me empeña en cruzar fronteras que no atisbo.
Lo siento. No me puedo detener.
Me inhalan las ausencias que se acercan enclaustradas en dos besos.
Me añoro. Me resigno,
y la melancolía suena como un tímpano imperfecto que se agrieta en el abismo.
¿Dónde iré?
¿Dónde mi comienzo dejará de ser más frágil?
Si en la cama aún se quedan los pedazos que me hacen falta transitar.
Si en la fuerza del recuerdo hasta ahora se despierta el hondo mar de un amor a la mitad.
¿Dónde llegaré?
¿Dónde mi final tormenta se olvidará de ser tan ágil?
¿Dónde inventaré los modos que me quitarán los sueños del soñar?
¿Dónde este sentimiento absurdo dejará de tejer días que jamás se harán verdad?
Y pasado el tercer día
los músculos de la pasión
corregirán las arcadas infraternas,
los vicios mal ocultos,
los sueños postergados,
la bilis detenida,
la sangre sin herida.
Tu huella se abre paso
Tu pie llega descalzo
Tu voz ya no es mentira
Tu pelo me domina.
Todo vuelve.
Todo llega.
Todo se va …
y viene….
en tu marea.