Amar no es sacar cuentas
ni medir lo que se da,
no es pedir la recompensa
de una entrega sin mirar.
Hoy se ama con cautela,
con el miedo de perder,
y en lugar de abrir la vela
nadie quiere ya ceder.
Se discute lo de siempre,
se reitera el viejo error,
y en un muro, amargamente,
se transforma nuestro amor.
El cariño se desgasta,
la paciencia dice “no”,
y el silencio se hace casa
donde antes hubo voz.
Muchos siguen por costumbre
sin saber por qué razón,
otros sueltan la amargura
que les dicta el corazón.
Y el orgullo, poco a poco,
va ocupando aquel lugar
donde el alma florecía
sin tener que demostrar.
Porque el fuego no se aviva
cuando falta el comprender,
y el amor también se cansa
de esperar y no poder.
Al final queda el vacío,
un invierno sin final,
y un latido que lamenta
lo que no supo cuidar.
Mas si el alma se perdona
y el invierno llega a andar,
la semilla que abandona
vuelve siempre a despertar.
Jesús Armando Contreras
28 de marzo de 2026