Francisquico

Arrullo del corazón cansado

Dulce corazón que os amargáis con la pena pasada

y con la pena que no pasa.

Gran pesar el pecho,

como si quisieran arrancar el corazón

cada vez que pienso en vos.

 

¿Qué he de hacer para acunar

y hacer dormir el corazón,

para que descanse en santa paz?

Parece que fue creado para sufrir:

os afligís por la pena que aún no ha venido

sin poder soltar la pena que se fue,

y te hundes como barco a la deriva

en un mar de lágrimas de sangre,

sin caudal y sin destino,

solo esperando y anhelando

algo que nunca podrás tocar con las manos.

Pobre corazón,

duerme y descansa, mi niño,

que te lo mereces.