|+|+|+|
Por favor,
maldiga este corazón
que ya se encuentra moribundo
[entre bradicardias…
Persistiendo por instinto,
por fe ciega en su recuerdo;
este corazón es casi músculo atrofiado,
suspendido donde la voluntad abandonó,
sin saber que aún es usted quien lo sostiene.
Y, aun así,
mi corazón se rehúsa a sucumbir,
incapaz de dejar lo que todavía siente,
mientras usted lo suelta lento;
existiendo por inercia absurda…
y aún respira sin quererlo.
Maldígame —se lo ruego—
[con clemencia.
Maldígame
como sabe que se maldice una despedida:
con ternura y mentira,
creyendo que así el corazón
se rompe menos,
mientras sufre sin sentirse solo.
Maldíceme,
pero no muy fuerte;
aún respira este despojo humano,
[casi cadáver…
Esclavo suyo,
[su merced;
maldiga cada gesto mío,
que aún con cariño
[se inclina ante usted.
Y a usted le ruego:
por favor, maldígame;
ódieme hasta la última fibra que le amó,
mientras me pregunto:
¿qué hago habitando esta soledad
con el residuo de cariño que usted me dejó?
Dejándome aquí, sabiendo
[que después de esto solo queda el silencio;
mi alma, suspendida en su ausencia,
ya no espera descanso alguno:
pues mientras usted me siga odiando,
este corazón no habrá sido olvidado.
Hablará en sigilo,
persistiendo en su desprecio,
negándose al consuelo del olvido.
Por lo tanto, afirmo
[que usted me ha amado por completo,
—o hasta que su corazón no pudo sostenerme más—,
porque solo se odia
[lo que aún subsiste
[obediente en el latido…
Intacto, este latido
—sumiso, obstinado—
me delata:
aún le pertenezco;
aún... a su merced.