D. G. T. Michele Mapol (Mussû)

Maldíceme con clemencia.

|+|+|+|

 

Por favor,

maldiga este corazón

que ya se encuentra moribundo

[entre bradicardias…

 

Persistiendo por instinto,

por fe ciega en su recuerdo;

este corazón es casi músculo atrofiado,

suspendido donde la voluntad abandonó,

sin saber que aún es usted quien lo sostiene.

 

Y, aun así,

mi corazón se rehúsa a sucumbir,

incapaz de dejar lo que todavía siente,

mientras usted lo suelta lento;

existiendo por inercia absurda…

y aún respira sin quererlo.

 

Maldígame —se lo ruego—
[con clemencia.

 

Maldígame

como sabe que se maldice una despedida:

con ternura y mentira,

creyendo que así el corazón

se rompe menos,

mientras sufre sin sentirse solo.

 

Maldíceme,

pero no muy fuerte;

aún respira este despojo humano,

[casi cadáver…

 

Esclavo suyo,

[su merced;

maldiga cada gesto mío,

que aún con cariño

[se inclina ante usted.

 

Y a usted le ruego:

por favor, maldígame;

ódieme hasta la última fibra que le amó,

mientras me pregunto:

¿qué hago habitando esta soledad

con el residuo de cariño que usted me dejó?

 

Dejándome aquí, sabiendo

[que después de esto solo queda el silencio;

mi alma, suspendida en su ausencia,

ya no espera descanso alguno:

pues mientras usted me siga odiando,

este corazón no habrá sido olvidado.

 

Hablará en sigilo,

persistiendo en su desprecio,

negándose al consuelo del olvido.

 

Por lo tanto, afirmo

[que usted me ha amado por completo,

—o hasta que su corazón no pudo sostenerme más—,

porque solo se odia

[lo que aún subsiste

[obediente en el latido…

 

Intacto, este latido

—sumiso, obstinado—

me delata:

aún le pertenezco;

aún... a su merced.