Y ellos
sonríen
cada cuánto
y se sonrojan
cuando
hablan de amor.
Y se
aman
a mil
y se odian
de igual manera.
Y cargan
de kilo
en kilo
a la ternura.
Ellos
son una dicha;
parecen
nada,
pero lo son
todo.
Y cuando
no pueden
ser
todo,
son
solo dos
flores
de un jardín
estéril
que aunque
estén
aún ahí,
lento,
la muerte
los acarrea.