Marvin Ramirez

​El Silencio De La Ausencia

El deseo no era solo compañía; era una comunión bajo el último aliento de las estrellas. Quería que el frío de la madrugada nos obligara a buscarnos, que el amanecer no fuera un simple cambio de luz, sino el testigo de cómo dos cuerpos dejan de ser extraños para volverse instinto puro. En la oscuridad, las máscaras caen y solo queda la verdad de lo que somos: seres hambrientos de presencia.

 

​Sin embargo, el vacío fue la única respuesta. Te busqué en los rincones donde la memoria todavía te guarda, pero las calles no me devolvieron ni un eco. Grité tu nombre hasta que mi garganta se volvió un desierto, y en ese silencio comprendí lo más amargo: el olvido es una forma de cambiarse el nombre. Quizás ya no eres quien yo llamaba, o quizás el nombre que pronunciaba ya no te pertenece.

 

​Me marcho con el horizonte de frente pero el alma mirando hacia atrás. Regreso a mi ciudad, donde las luces no logran disipar esta sombra. La tristeza no es una visita, se ha vuelto mi sombra; y la soledad no es un estado, es la única voz que, con una puntualidad cruel, me responde cuando pregunto por ti.