Es el amor un látigo feroz,
que hiere sin dejar señal,
y mata sin tocar la piel.
Su ardiente caricia buscarás,
en su regazo te quemarás,
sin que quieras escapar.
Y aunque te devore el alma,
suplicarás volver a empezar,
sin que importe nada más.
Porque te azotará sin piedad,
amante ciego que no sabe parar,
exigiendo siempre un poco más.
Mas a su llama no renunciarás,
a sus grilletes de seda te atarás,
al engaño de su magia te entregarás.
En el placer de su abrazo caerás,
con sed eterna lo ansiarás,
en su trampa de fuego arderás.
Serás cautivo de su mandar,
y aunque conozcas la verdad,
a su imperio sucumbirás.