Jesús Ángel.

Entre la siembra, el fruto y la cosecha.

 

De cada pensamiento nace una siembra;  
de cada siembra, un fruto;  
de cada acto, una cosecha;  
y de cada cosecha, su consecuencia.

Cuando lo que se piensa,  
se dice y se hace  
permanece en coherencia,  

el fruto madura en equilibrio:  
con uno mismo,  
con su lugar en el mundo  
y con lo que aún está por madurar.

Entonces surge una paz interior  
que no depende  
de lo externo,  

sino de la armonía  
entre la raíz, el camino  
y el resultado.