Tú, que jugaste con tu futuro, hombre despreocupado, honesto, un tanto distraído y en ocasiones grotesco. Has elegido, por sobre todas las cosas, tu libertad, que las cadenas de la sociedad. ¿Pero de qué te han servido? ¿Acaso eres millonario, tienes jet privado, tienes cuentas en paraísos fiscales? El único paraíso que conozco queda a pocas cuadras de mi casa, y lo fiscal es la escuela, colegio y universidad, y una que otra boleta para no acercarme más. Lo privado que conocí fueron las fiestas que no pude ir, por falta de dinero y por no sentirme satisfecho.
Y ahora lo estoy, estoy agradecido con mis saberes, aunque son más míos; ellos me han ayudado, y de aquellas malas costumbres me he liberado. No soy ejemplo a seguir; a cuántos no he perjudicado, a cuántos no he beneficiado, a cuántos no les he dado el pase para que ellos griten que han anotado. Y ¿de qué me ha servido? También he sido mal agradecido con el que trabajo me ha dado, y la cabeza no le he agachado por pago irrisorio.
Disculpas pido si no asisto a velatorios; me encontraba cruzando la calle, pensando en que solo asistiría al velatorio de un ser querido y al de un artista amigo mío, y yo pasando por casa de uno, él muriera, y yo no asistiría a su funesta. Me cuesta comprender si continuar en la cuesta o soltar la rienda y dejarme caer, y el golpe pueda estremecer mi sueño de incapaz.
Por eso me satisface pintar, ya que en ello me puedo relajar y a su vez estresar por algo que salga mal, porque afuera las calles están peligrosas, pero cuando no lo fueron. Ya pasé tiempos bohemios, caminante de lunas, inspirado del sereno, y llegar al umbral de una noche agitada en el mar de estrellas estrelladas.