Venimos de pueblo,
donde el día amanece temprano
y el canto del gallo
le gana al sol.
Donde la casa de los abuelos
no es solo casa,
es abrazo,
es ruido,
es todo.
Ser de pueblo es un orgullo,
aunque muchos no lo entiendan,
porque quien viene de allá
viene bendecido.
Nos fuimos,
como todos,
buscando más,
buscando ciudad,
buscando futuro.
Pero en el silencio
de lo que duele,
uno entiende;
que no hay mejor bendición
que la vida tranquila
que dejamos atrás.