Hoy el viento susurra tu nombre
y me trae el eco de tu risa lejana.
Cierro los ojos y siento
tus caricias en el aire,
como si el universo supiera
cuánto te añoro.
Cada brisa es un mensaje,
un anhelo, un deseo
de tenerte cerca,
de fundir la distancia
y encontrarte,
una vez más,
en el susurro de mi piel.
Hoy el viento recorre la distancia
que separa tu piel de la mía,
y en su vuelo, fabrica tu nombre
en las noches silenciosas.
Cada brisa se convierte en un susurro
que acaricia mi alma,
trayendo recuerdos de tus manos,
de tu risa,
de la dulce paz de tu mirada.
Cierro los ojos y siento
tu presencia en el aire,
como si el viento supiera
cuánto te extraño,
y se empeñara en acercarte a mí
a través de cada ráfaga,
cada soplo invisible.
Los susurros del viento
fabrican tu nombre
y lo repiten suavemente
en mi ventana,
en mi almohada,
en el rincón donde duermo
con la esperanza de encontrarte en sueños.
Te busco en cada corriente,
en cada suspiro de la noche,
y me aferro a la ilusión
de que pronto tus pasos
sean más que un eco,
más que un deseo,
y tus brazos sean el refugio
donde el viento, al fin,
se detenga a descansar.