Hay quien prefiere
lo melifluo acariciando
sueños abstractos en las
coladeras,
se vierte la lengua
por el tragaluz de lo cotidiano
y yerta la palabra
atraviesa por letargos
que acarician la tráquea
del sueño y sus barricadas,
en ocasiones uno se conforma
con acariciar la voz
en los auriculares
para encender fósforos
de ilusiones llenos de sombra.
Me perturba el tiempo
y el surrealismo que hay
en los féretros
porque abrazo fantasmas
que aún cohabitan
en el asfalto
y busco en el deterioro
las trincheras
de los dientes
y sus tantas decapitaciones.
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