Da gusto sentir la ciudad
-aunque la odie profundamente-
soleada en marzo,
impregnada de azahar.
Ver las calles llenas de turistas
de piel blanquecina
en mangas de camisa,
tomando el sol con ansia
como si no hubiera un mañana.
Esta ciudad que me vio nacer
produce en mí una contradicción
sin respuesta.
© Juan Andrés Silvente López