No es amor el contar lo que se entrega,
ni el cauteloso afán de viejas heridas,
sino incendio en dos almas encendidas
que arde libre y a sí mismo se despliega.
Mas hoy se teme al fuego que se doblega,
se enfría el corazón, se buscan salidas,
y el orgullo levanta sus guaridas
donde el alma sin lucha se repliega.
El silencio hace hogar donde latía
la palabra encendida entre los dos,
y en sombra se consume lo que ardía.
Que el fuego muere falto de su voz,
si halla muro en lugar de compañía,
y en ceniza termina lo que es Dios.
Jesús Armando Contreras.