A la que se apaga el día
comenzamos otro año.
Uno entero para nosotros,
para contar los días,
sumar otro mes a los meses,
añorar lo ya pasado,
esperar lo no llegado,
resoñar lo soñado,
mentirnos con los recuerdos,
desterrar las pesadillas
de la almohada,
reconocer nuestros méritos
vacíos de medallas,
y en lo más solo
de nosotros mismos,
regarnos con lágrimas.
Todo un año
con algunos días
de esconderse
del futuro incierto
en la oscuridad de un apagón,
de agarrarse a lo que queda,
de atarnos a lo que sea,
de casarnos con cualquiera.
Otros doce meses,
casi cuatrocientos días
para respirar la vida.
Cuando termina un año
se enciende un nuevo día
para otro año.