Leoness

El triángulo de la caliza viva

El aire se agota en la lona apretada,

fuera, el frío de Valdeón muerde la roca,

pero aquí dentro, la piel incendiada

busca el refugio de otra mano, de otra boca.

 

No hay mapas que marquen este territorio,

ni informes que midan este calor profundo:

el amor a tres voces, nuestro propio oratorio,

lejos de las leyes y el ruido del mundo.

 

Mi amada se entrega, de luz y de sombra,

mientras su amiga, inseparable y ardiente,

se funde en el rito que el deseo nombra,

como un río de fuego en un monte latente.

 

Se entrelazan los miembros, se borran los nombres,

en una danza de muslos, de pechos y calma,

donde no hay secretos, ni juicios de hombres,

solo el sudor que nos bautiza el alma.

 

Yo bebo en sus cuellos el aroma del pino,

y el sabor a sal de la marcha ascendente,

somos un nudo de azar y destino,

un solo latido, salvaje y presente.

 

Los suspiros se mezclan con el viento del puerto,

en la complicidad de quien nada se calla,

el paraíso no es un jardín abierto,

es este triángulo bajo la muralla.

 

Libertad de montaña, de carne y de roca,

donde el \"nosotros\" se ensancha y se atreve,

un beso que empieza en una sola boca

y termina en tres, bajo un cielo de nieve.

 

Queden las cumbres para el día siguiente,

el ascenso, el ganado, la ruta trazada...

ahora solo existe el presente rugiente

de dos mujeres y yo, esta noche sagrada.