Jhondy Algenys

La ovillana que quería vivir

Nació entre hebras de un mundo cerrado,

un simple ovillo sin voz ni razón,

tejida en silencio, destino marcado:

servir a las manos, perderse en función.

Pero en su fibra latía un anhelo,

un pulso pequeño difícil de oír,

soñaba con algo más alto que el suelo…

soñaba, imposible, con poder vivir.

Veía las agujas danzar sin descanso,

creando destinos que no eligió,

y en cada puntada sentía el cansancio

de ser solo forma que otro decidió.

—¿Y si mis hilos pudieran moverse?

—¿Y si mis vueltas pudieran huir?

—¿Y si enredarme no fuera perderse,

sino un camino para descubrir?

Una mañana, sin ruido ni aviso,

rodó desde el cesto hacia la libertad,

cayó por la mesa, cruzó el compromiso

de nunca volver a su antigua verdad.

Se desenrollaba dejando su rastro,

como quien deja su piel al pasar,

cada hebra suelta era un paso en el astro

de un mundo que apenas empezaba a mirar.

Se hizo camino, se hizo destino,

se hizo historia que nadie tejió,

ya no era ovillo, cerrado y divino…

era el intento de quien despertó.

Y aunque al final se quedó sin su forma,

sin hilo completo, sin nada que dar,

ganó lo que pocos logran en norma:

vivir a su modo… aunque fuera al final.