He sobrevivido varios inviernos,
y aún mis pasos son firmes,
pero siento ese cansancio antiguo
por los años que pude alcanzar;
mi cabello y barba llevan
la nieve de los años.
Y en mis manos descansa
la memoria de caminos recorridos,
de batallas calladas,
de despedidas sin ruido.
No me pesa la vida,
me pesa el tiempo vivido,
ese que deja en los ojos
un brillo sereno y herido.
Sigo andando despacio,
sin prisa por llegar primero,
porque aprendí que el destino
no entiende de pasos ligeros.
Y aunque el invierno me habite,
aún guardo un sol encendido:
la voluntad de seguir,
con el alma en pie…
y el corazón agradecido
a mi existir.
El Huagiro
Madrid, marzo de 2026.