Quiero un amor que llegue despacio, sin fanfarrias ni promesas grandilocuentes, que conquiste con gestos pequeños y traiga consigo humildad y ternura.
Un amor lleno de compasión, capaz de abrir, sin prisa, las puertas de un corazón en ruinas.
Ese amor que nos hace suspirar bajito, que dibuja una sonrisa al amanecer, y que, sin hacer ruido, se queda...
para siempre.