Así como cae el agua,
lenta y punzante por la gotera del tejado,
métrica como el latido de mi corazón
y constante, como mi pensamiento.
Así como las nubes
que se posan cargadas de llantos,
y como el viento las abraza
hasta que sus lamentos pasan
y brillan como el sol.
Fuerte, así como el canto del gallo,
y melódico como pajaritos del bosque.
Necesario como el abrigo en la nieve,
e involuntario,
como las burbujas cálidas de amor
que brotan al escuchar tu voz.
Así de gigante e imponente
es la voluntad que me mueve,
a través de enigmáticas tormentas
y dulces atardeceres,
a seguir con la frente en alto,
con la esperanza de descubrir
nuevos amaneceres.