El desalmado

BUENOS DÍAS, ALMA MÍA

Quisiste saber por qué

he renunciado a mi alma.

Fue por amor, ya lo ves

que ya no me queda nada.

 

Buenos días, alma mía,

mi vieja amiga,

compañera de alegrías

y de fatigas.

 

Si no fuera por ti

yo no sabría

de los placeres del mundo

y de sus mentiras.

 

Pero has de saber,

alma querida,

que debo olvidarte ya,

mi dulce guía.

 

Pues de no hacerlo así

yo no podría

entregarme al amor,

darle mi vida.

 

Pobre sombra, vete en paz,

alma afligida,

recobra tu libertad,

ya no eres mía.