No te sientas culpable por tu talento,
no es carga, es fuego que insiste en arder,
sobreviviste en cada estrofa quebrada,
en cada verso que dolía escribir y aún así nació.
Fuiste papel arrugado,
silencio hecho tinta,
borrador de un mundo que no entendía
y aun así, lo creaste.
Cada poema fue un latido salvado,
una forma de no desaparecer,
de decir “sigo aquí”
aunque nadie escuchara.
Dicen maravillas de lo que escribes,
pero no saben que en cada palabra
te reconstruyes,
que ese talento es el hilo
que te mantiene unido al alma.
Y cuando todo se apague,
cuando el tiempo borre nombres y rostros,
quedará en lo eterno
ese universo oculto que llevas dentro,
inexplorable,
hermoso en su caos,
sublime en su verdad.
Porque al final,
somos piezas sueltas de un rompecabezas llamado vida,
y quizás pequeñas,
quizás olvidadas,
pero indispensables.
Y tú…
no eres ausencia,
no eres vacío
eres la pieza
que hace sentido.