Un toro, de color azul como la vida, me embiste, me golpea, me lanza al aire, me hiere, sale el amor a borbotones de mis heridas, amor enterrado en mis entrañas, sale a la luz del día.
El toro azul (versión desnuda)
Un toro azul,
como la vida cuando duele,
me embistió.
No vino de fuera—
ya estaba dentro,
agazapado
en lo que yo llamaba amor.
Me golpeó sin aviso,
me alzó del suelo
como se alza una verdad
que uno no quiere mirar.
Caí
con el pecho abierto,
no de rabia,
no de orgullo,
de entrega.
Y entonces lo vi.
No era sangre
lo que salía de mí,
era amor.
Amor acumulado,
ciego,
sin destino,
golpeando por salir
como un animal sin dueño.
Amor que no supo quedarse,
amor que no supo ser visto,
amor que aprendió, a la fuerza,
que no todo abrazo es refugio.
Y aun así—
aun roto,
aun en el suelo,
seguía siendo amor.
Ahora ya no hay toro.
Ni embestida.
Ni caída.
Solo un temblor leve
cuando el recuerdo pasa,
como si algo en mí
reconociera
al animal que fui
y al hombre
que quedó en pie.
Antonio Portillo Spinola