Ante la nieve de mayo
y la sequía del verano,
con espacio para la caída
y para el llanto.
Ante la plaga en la cosecha
y el frío sin abrigo,
sea luz o sombra,
sin renunciar al pasado.
Aceptar lo que venga,
lo que calma o lo que duele,
sin que la queja marque el trazado.
Frente a las incongruencias,
las redes y su ruido,
habitar el presente,
sin fallar en el paso.
Sobre la marcha,
siendo uno mismo,
seguir el trazado
no impuesto por nadie.