El viento tiene un rumbo,
decide a dónde ir,
traza caminos invisibles
que alguien, en algún lugar, puede usar como guía.
Pero el aire.
El aire solo es.
No anuncia su llegada,
no se despide al partir,
no tiene forma ni nombre,
y aun así se queda en nosotros.
Como el amor.
El amor no fue,
ni será.
El amor es.
No puedes retenerlo,
como no puedes encerrar el aire
sin sentir dolor,
sin que ahogue,
sin que termine por asfixiarte.
Porque lo que se retiene,
deja de ser
Y el amor, como el aire,
no tiene un porqué,
ni un cuándo,
ni un dónde.
No se define,
no se controla,
no se ve.
Pero está
y cuando está,
lo sabes.