Viviendo en el limbo cíclico de lo que no es
llegó a mi mente el ES MUSS SEIN
con la leve aceptación dolorosa e indefectible
que trae consigo una realidad inminente
un dolor profundo pero soportable
de lo que tiene que ser, es y no podría ser de otra manera.
Que fortuna la de Nietzsche
que al abrir los ojos ante la realidad ineludible de un dolor ajeno
decidió casi conscientemente
dejar de existir en esta realidad insufrible
evadirse de inmediato del ES MUSS SEIN
Yo, por el contrario, aquí con el dolor a carne viva
ante la irrefrenable verdad de mi ES MUSS SEIN
de haberlo perdido todo, y de lo que nunca será
frente a este dolor tan propio, egoísta y típico
tengo que seguir con los ojos abiertos
en una introspección casi onírica pero consciente
que se repite una y otra vez sin interrupción
ante el incuestionable ES MUSS SEIN
sin posibilidad de disuasión, escape o indicio de locura
...
Que fortuna la de Nietzsche.