Adrian Alfaro

San Valentin.

A veces se nos olvida lo frágil que es el tiempo.
Vivimos haciendo planes para mañana, prometiendo cosas para después, guardando palabras que creemos que siempre tendremos oportunidad de decir.

Pero la verdad es mucho más simple y más cruda:
hoy estoy… mañana no lo sé.

Hoy puedo hablarte, reír, sentir, abrazar, mirar el cielo y pensar en todo lo que aún falta por vivir. Hoy tengo voz, tengo presencia, tengo historia. Pero mañana… mañana es un territorio que nadie puede prometer.

Y es extraño cómo, sabiendo eso, seguimos viviendo como si el tiempo fuera infinito. Dejamos para después el perdón, el cariño, las decisiones que cambian la vida. Nos acostumbramos a la idea de que siempre habrá otro día.

Pero no siempre es así.

Por eso el hoy pesa tanto.
Porque es lo único real.

Hoy es el único momento donde podemos amar, decir lo que sentimos, arreglar lo que está roto, o simplemente existir junto a alguien más. Mañana puede llegar… o puede no hacerlo.

Y tal vez la vida sea justamente eso:
un recordatorio constante de que estamos de paso.

Así que si hoy estoy, quiero estar de verdad.
Con todo lo que soy.
Con todo lo que siento.

Porque mañana…
mañana nunca está asegurado.