Me dicen “no llores”, sonríen de frente,
pero en sus ojos hay algo diferente,
me hablan despacio, tan suavemente,
como si supieran que no soy renuente.
Cuento mis pasos, me escondo en mi mente,
hago silencio… respiro muy fuerte,
dicen mi nombre, lo dicen sonriente,
pero en su risa se asoma la muerte.
Juegan conmigo, me llaman “valiente”,
me tapan los ojos… “confía, sé obediente”,
sus manos son suaves, su voz es paciente,
pero algo en mi pecho me grita: “detente”.