NҽցαԵíѵҽ ตαղ 🍃
թօҽตα 29
թօҽตα 29
Bajo el pulso de sal, mi voz se vuelve arena,
y en tu duna de sombra mi sed se deshace;
soy el resto de un mar que en tu orilla se aquieta
por el leve contacto que en la piel me floreces.
Tú me traes el sabor de las uvas amargas,
en el latido de la sangre que en el río desborda,
mientras mis manos, de soledades largas,
siembran sobre tu vientre una patria y bandera.
Ya no es solo el oleaje, es el barro que canta,
es la piedra en lo alto que no sabe caer;
una daga de luz se me atraviesa en la garganta
al ver que tu pureza me hiere si no es mío tu ser.
Unidos en el yelmo de este sueño sagrado,
donde el mar se hunde y la brisa despierta,
somos un solo nudo, por el tiempo amarrados,
somos el azar que el tiempo arrojó al umbral,
y el viento se llevara en el polen de lo que fuimos.
Y el velero de rosas, ya macerado de sal y de olvido,
se rinde al invierno que sube por mi sangre, tan mío,
como el abrazo de una madre que muere, tan tuyo.
Me queda entonces el tacto curtido de tu ausencia en la dermis,
un sabor a madera que el tiempo no alcanza a borrar,
y este silencio en la sombra, esté resto de amante,
que se queda de pie, contemplando el cansancio del mar.