En la dulce claridad de tus ojos
amanece mi mundo sin ruido,
como si el sol aprendiera de tu mirada
la forma exacta de tocar mi destino.
Tus ojos, amor,
son dos noches encendidas de estrellas,
donde me pierdo lento,
donde mi alma se queda.
Recuerdo la tibieza de tus manos
cuando el día caía sobre nosotros,
y el tiempo, tímido,
se detenía a mirarnos en silencio.
Y en la noche…
ah, en la noche tu boca
fuego suave,
territorio de todos mis latidos
me enseñó que un beso puede ser infinito.
Nos abrazamos como quien salva su vida,
como quien encuentra al fin su hogar,
y en tu pecho entendí
que amar es quedarse… sin querer escapar.
Eres la luz que no hiere,
la sombra que abriga,
la ternura hecha carne
en cada caricia compartida.
Y si el mundo se apaga algún día,
si el tiempo decide terminar,
que me encuentre en tus ojos
porque ahí, amor,
todo vuelve a empezar.