Celebren lo que quieran
pero no me sumen.
Rimen lo que quieran
pero no me sumen.
Escriban sobre la belleza
pero sigan sin sumarme.
No fui yo quien nació para las artes
sino para la vida, alegría o tristeza
(según convenga).
No busqué nunca el adjetivo precioso,
sino el preciso.
No consideré al malvado soso
o sin seso,
supe desde siempre su valor:
tan irritante como poderoso.
Quise plasmar mis peores pecados
(borgianos a veces,
cristianos a ratos).
Mi letra y yo, por un bien mayor
(que nunca supimos cuál)
juntábamos símbolos de dolor.
Quiero decir, que nunca, jamás
lo hice por el arte, oficio o porfías
que entretejen naderías.
Yo escribí por egoísmo y por crear,
por ser, odiar, por mí mismo y por amar.
No soy mentiroso sino poeta,
si no veo belleza no me la voy a inventar.
No veo la belleza en todas partes
y no pienso pedir perdón.
Si quieren celebrar la poesía, comprendan:
que no solo luz, proyecta el Sol.