Mi bolígrafo se fatiga
por escribirte,
mujer entre libros.
Fugaz y suave,
me enamoré de ti
y guardé tu imagen
en mi recuerdo.
Pero mi pluma tembló,
y pensé en mirarte:
caminar por la montaña
mientras trinan las aves.
Y la tinta quiere grabar
tu sonrisa en el papel;
¡cuán bella eres, mujer arcana!
Qué embelesado miré
tus hebras de azabache
y tus dos luceros cafés.
En los campos,
llenos de lirios,
los guardaría del frío,
porque tú los amas.
Y aunque mueran,
los sembraría;
y si no me amas,
yo te amaría.