El día en que llegaste, amor,
aún no era consciente
de esa belleza antigua
que duerme en los trazos
de tu rostro sereno...
Ni de la luz secreta
que arde escondida
en el fondo de tus ojos,
..ese brillo melancólico
que derrama una elegancia indómita,
sensual, casi salvaje: tan tuya.
Como si brotaras de un lienzo
entre sombras y azahar,
del pincel de J. Romero.
Y aun sin comprenderlo, te amé
—así, perdidamente—
sin el temblor que siembra
el miedo a no ser correspondido.
Porque yo te amo,
como si mi sangre, ya te recordara,
como si tras una vida esperándote
el aroma de tu piel
me fuera tan propio como mi aliento,
que así te siento:
Noto el calor de tu pecho
contra el mío desnudo,
aunque no pueda evocarlo;
como siento el sabor que guarda mi boca
cada vez que despierto
tras haberte soñado.
Porque siempre has sido tú
el destino custodiado por mi sangre:
tú o ninguna.
Y por eso, yo...
Te amo!